OSVALDO PUGLIESE
BIOGRAFÍA
Osvaldo Pedro Pugliese (Buenos Aires, 2 de diciembre de 1905 - ibid., 25 de julio de 1995) fue un pianista, director y compositor argentino dedicado al tango.
Adolfo, su padre, lo ayudó a hacer sus primeros "palotes" en la música, le compró un Piano Fröster alemán en 1922 con el que hizo toda su carrera desde Pedro Maffia hasta sus últimos días, ese piano hoy está en La fundación la casa del tango.
Estudió con grandes maestros como Vicente Scaramuzza y Pedro Rubione, con los cuales se convirtió en un extraordinario pianista.
Tiempo después pudo llegar a la Gran Ciudad, Buenos Aires, donde debutó integrando un conjunto que tenía, como particularidad, a la primera mujer bandoneonista del país: Francisca Cruz Bernardo, más conocida como "Paquita", "La Flor de Villa Crespo", directora de aquella orquesta típica, quien aceptó su alejamiento en aras de un mejor porvenir económico.
Más tarde, y ya con mucha más experiencia y soltura, formó parte del cuarteto de Enrique Pollet (1924), y luego de la orquesta de otro famoso de su tiempo, Roberto Firpo. Ya en 1926, era el pianista de la orquesta del gran bandoneonista Pedro Maffia, continuado con su ascenso en el mundo del tango y tomando cada día más y más prestigio.
Pero el sueño de Osvaldo Pugliese era tener su propia orquesta. Fue así que se desvinculó de la de Pedro Maffia, en 1929, junto con el violinista Elvino Vardaro para formar su propio conjunto. Ambos tocaron por primera vez en el café Nacional con gran repercusión, lo que los empujó a hacer una gira por todo el país. Sin embargo, la gira fue un fracaso económico y debieron empeñar parte de sus instrumentos para conseguir los pasajes de regreso a su ciudad. A su retorno integró la orquesta de Alfredo Gobbi y más tarde acompañó a Daniel Héctor Álvarez, Roberto Firpo y Miguel Caló.
Durante ese período, Don Osvaldo compuso más de 150 temas, algunos muy famosos como "Recuerdo", "La Beba", "Negracha", "Malandraca" y su himno "La yumba". Además grabó más de 600 temas de otros autores.
Por su orquesta pasaron cantores de la talla de Roberto Beltrán, Roberto Chanel, Alberto Morán, desde 1944, Jorge Vidal, Jorge Maciel, Miguel Montero, Ricardo Medina, Alfredo Belusi, Adrián Guida y Abel Córdoba, este último cantó durante 30 años en la orquesta de Pugliese.
Tal era la talla artística de este hombre que en 1985 logra lo que nadie hasta entonces: el 26 de diciembre de ese año, para festejar su cumpleaños número 80, su orquesta tocaría en el conocidísimo Teatro Colón de la Ciudad de Buenos Aires, lugar reservado casi exclusivamente para la música y lírica académicas. Obviamente el teatro estaba repleto de público viendo al maestro interpretar obras de sus, por entonces, 46 años ininterrumpidos de actividad.
Política
Pugliese también era un ciudadano comprometido con la sociedad. En 1935 impulsó el Sindicato Argentino de Músicos del que fue el afiliado número 5. Inició, entonces, una lucha "... donde el trabajo sea una dignidad personal y no un castigo". En 1936 se afilió al joven Partido Comunista Argentino (108 era su número de afiliación), siendo perseguido y encarcelado en 1948, sin embargo está versión sería negada por Jauretche*: "Esos son bolazos, leyenda pura; había hecho cola -en la comisaria- para sacar la cédula y lo invitaron a tomar un café para garronearle unas entradas a la milonga, no más". En su primera presentación radial después de la caída de Perón, ejecutó el tango "Ya no cantás chingolo". Durante la Revolución Libertadora las persecuciones no fueron tan sistemáticas pero en abril de 1957 fue detenido junto con otros comunistas en el marco de la Operación Cardenal.
Fue durante la década de los años 50 que la orquesta del maestro Pugliese animó las milongas del Club Atlético Palermo, que por entonces era un reducto opositor a las políticas oficiales de gobierno, en tanto su orquesta estaba prohibida en radiodifusión.
*Arturo Jauretche (1901-1974) fue un destacado pensador, escritor y político argentino. Es considerado una figura fundamental del pensamiento nacional, el antiimperialismo y el campo popular, conocido por sus agudas críticas al eurocentrismo de las élites y a la dependencia cultural y económica del país.
Finalmente, el 25 de julio de 1995 y después de una breve enfermedad, falleció a los 89 años en la ciudad de Buenos Aires, su ciudad. Sus restos fueron velados en el Concejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires y luego llevados hacia el cementerio de la Chacarita por la avenida Corrientes a contramano del tránsito. Allí descansan, en un imponente mausoleo construido con el aporte de amantes del tango de muchos países del mundo a partir del trabajo de una Comisión de Amigos y de la perseverancia y el empuje de su viuda y compañera de vida Lydia Elman. Para gozo de aquellos que lo admiraron, su estirpe sigue viva en su hija Beba Pugliese, pianista, y en su nieta Carla Pugliese, también pianista y bandoneonista.
Premios
Recibió innumerables distinciones. El gobierno de Cuba le otorgó la medalla Alejo Carpentier, la más importante distinción cultural de la isla, el gobierno francés lo nombró Commandeur de L'Ordre des Arts et Lettres en 1988. En tanto su ciudad, la Ciudad de Buenos Aires, lo declaró Ciudadano Ilustre en 1986. En 1989, la Sociedad Argentina de Autores y Compositores de Música (SADAIC) y la Asociación de Coleccionistas de Tango, descubrieron una placa en la Avenida Corrientes (al 960) en conmemoración de los 50 años del Maestro frente a su orquesta. En 1990, recibió el título de Académico Honorario de la Academia Nacional del Tango.
Recibió el Premio Konex en tres ocasiones: en 1985 por Director de Orquesta típica (Platino), en 1995 una mención especial y en 2005 un premio de honor.
La estación Malabia de la línea B de subterráneos de Buenos Aires pasó a llamarse Malabia-Osvaldo Pugliese a partir del 2011, luego de una campaña de varios años en la que miles de vecinos de su Villa Crespo natal y admiradores por doquier firmaron un petitorio para ello.
En la Cultura Popular
Osvaldo Pugliese se ganó el mote de anti-mufa (mufa significa, en lunfardo, infortunio) luego de un episodio ocurrido a mediados de los noventa en un concierto de Charly García. Para no dejar el salón en silencio mientras intentaban arreglar desperfectos técnicos, decidieron reproducir un disco de Pugliese y los problemas se solucionaron inmediatamente. A partir de ese momento, se volvió usual decir "Pugliese, Pugliese, Pugliese" para repeler la mala suerte.
LA YUMBA
La yumba (zhoóm-ba) es un tango creado por Osvaldo Pugliese en 1946. El término yumba -a pesar de su origen indígena- no fue elegido por Pugliese por su etimología sino por su similitud onomatopéyica con el profundo jadeo de un bandoneón -y la resultante mezcla de ese sonido con otros arreglos orquestales.
"La Yumba" - Primera Versión - Sello Odeon - 1946
Osvaldo Pugliese tocando "La Yumba" en una escena de la película argentina "Mis cinco hijos" (1948)
VERSIÓN 1952
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"La Yumba" - Segunda Versión - Sello Odeon - 1952
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"La yumba" fue tocado por el mismo Pugliese junto a su orquesta en el Teatro Colón de Buenos Aires el 26 de diciembre de 1985 en ocasión del 80° aniversario del músico, convirtiéndose así en uno de los primeros tangos ejecutados en el famoso teatro de música clásica.
Ese mismo año fue ejecutado en vivo por la orquesta de Pugliese en el filme "El exilio de Gardel" (1985), dirigido por Fernando Solanas. También fue incluido en la película de 1997 "The Tango Lesson", dirigida por Sally Potter.
ARTÍCULO TOMADO DEL BLOG
"TANGOS AL BARDO"
La revancha del tango
A 40 años del mítico show de Pugliese en el Colón.
El histórico concierto de 1985 cristalizó una aspiración largamente repetida en las salas populares. La orquesta sonó con autoridad y convicción, ante un público conmovido.
Por: Raúl Devera - 11 de marzo de 2026
"Se cumplen cuarenta años de la noche en que Osvaldo Pugliese llenó el Teatro Colón de tango. Cuatro décadas después, aquel concierto sigue funcionando menos como una efeméride que como un punto de inflexión: no porque el tango necesitara ser legitimado, sino porque una institución históricamente asociada a las élites culturales terminó por reconocer, sin mediaciones, el peso artístico de una música que ya había alcanzado su madurez.
Durante décadas, el tango mantuvo con el Colón una relación distante y desigual. Carlos Gardel nunca cantó allí: su consagración fue masiva, popular y mediática, ajena a la validación institucional. Aníbal Troilo recibió homenajes y menciones, pero no una ocupación plena del escenario con la orquesta típica en su forma más reconocible. Astor Piazzolla sí cruzó ese umbral antes, aunque lo hizo en una zona ambigua, presentado como compositor contemporáneo más que como parte de la tradición tanguera. El género, incluso en sus figuras mayores, parecía quedar siempre un paso afuera.
Sin embargo, en los clubes, en los teatros barriales y en las salas populares, circulaba desde hacía años una consigna que condensaba una certeza estética: “¡Al Colón, al Colón!”. No era un chiste ni una provocación ingenua. Era la forma en que el público expresaba que la música de Pugliese -por su complejidad formal, su densidad expresiva y su ambición artística- ya dialogaba de igual a igual con las grandes tradiciones de la música académica. El grito no pedía permiso: anunciaba un destino.
Pugliese, cuando finalmente llegó a ese escenario, no cambió de registro ni de vestuario simbólico. Llevó su orquesta tal como era. Un sonido colectivo, dramático, construido desde el peso del conjunto más que desde el lucimiento individual. El piano marcando un pulso común, los silencios cargados de tensión, el fraseo arrastrado como una forma de memoria musical. El tango no entró al Colón para embellecerlo ni para adaptarse a sus códigos: entró para afirmarse.
Esa noche, el concierto siguió un repertorio pensado como un cruce entre tradición y celebración, donde se alternaron clásicos instrumentales y piezas cantadas por voces históricas de su orquesta. Abrieron con tangos como «Arrabal» y «Los mareados», siguieron obras como «Recuerdo», y pasaron por milongas de fuerte pulso rítmico antes de acercarse a los momentos más intensos del programa, con piezas que cruzaban memoria y virtuosismo.
El cierre, y quizás el momento más celebrado, fue con «La Yumba», el emblemático tango compuesto por Pugliese en 1946 que, por su ritmo onomatopéyico y su mezcla de tensión y alivio, se volvió sinónimo de su estilo. En la interpretación final, varios de los músicos que habían integrado su histórica orquesta se sumaron al conjunto, un gesto que condensó la idea de continuidad y testimonio colectivo que atravesaba toda su trayectoria. El público lo reconoció de inmediato: ovaciones prolongadas, aplausos de pie y la emoción que sigue asociando ese tema con el cruce entre música popular y gran escenario que simbolizó esa noche.
Pugliese y la revolución
Desde lo estrictamente musical, Pugliese fue uno de los grandes revolucionarios del tango del siglo XX. Amplió las posibilidades expresivas de la orquesta típica, trabajó el contrapunto interno, reforzó el carácter coral del conjunto, su complejidad rítmica y desarrolló un dramatismo contenido que influyó decisivamente en generaciones posteriores. Su obra demostró que el tango podía ser popular y complejo a la vez, sin resignar intensidad ni comunicación.
Ese ideario estético estaba íntimamente ligado a una forma de organización poco común en la música popular argentina. Durante décadas, la orquesta de Pugliese funcionó como una cooperativa: no había patrón ni figura dominante, sino socios, reparto equitativo y decisiones compartidas. Esa estructura no fue una rareza administrativa, sino la traducción práctica de sus convicciones ideológicas. Comunista declarado, Pugliese sostuvo una coherencia infrecuente entre pensamiento, práctica artística y vida cotidiana, aun cuando eso implicara censuras, detenciones y largos períodos de marginación.
El concierto del Teatro Colón se realizó el 26 de diciembre de 1985, a poco más de dos años del regreso de la democracia. En ese contexto, el acontecimiento adquirió una dimensión que excedió lo musical. No fue una consagración tardía ni una concesión institucional, sino el reconocimiento explícito de un valor que ya estaba allí. El Colón no elevó al tango: aceptó escucharlo en igualdad de condiciones.
El gran Osvaldo Pugliese constituye un fenómeno musical y popular único.
Cuarenta años después, aquella noche conserva su potencia simbólica. No como postal nostálgica, sino como recordatorio de que las jerarquías culturales no son naturales ni eternas. A veces, simplemente, terminan cediendo ante la evidencia.

Y volvemos a aquella noche involvidable con la orquesta de Osvaldo Pugliese interpretando su tango:
VIDEO
Pugliese en el Colón - 26 de diciembre de 1985
"La Yumba" - Sublime Tango, Sublime Orquesta !!
Fuentes:
Wikipedia y Discogs
Tangos al bardo
Canales de YouTube:








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