"LA HERMANA DE LA CONEJA"
«La
hermana de la Coneja» es una canción perteneciente al músico popular
uruguayo Jaime Roos. Forma parte del álbum "7 y 3" editado bajo el sello
Orfeo en el año 1986.
Roos, en una entrevista sobre el origen de la letra, explicó:
"Raúl Castro* me mostró la letra de «La hermana de la coneja» en el invierno del ´85. Enseguida me imaginé una balada callejera en forma de milonga. Le pedí la letra a Raúl y así nació esta canción."
*Popular director y letrista de la murga Falta y Resto.
NOTA: A la fecha, no existen fotos públicas o comerciales de estudio donde Jaime Roos y Raúl "Tinta Brava" Castro posen juntos disponibles en los archivos digitales abiertos.
A pesar de su profunda amistad y enorme legado conjunto en la música y el carnaval uruguayo, la mayoría de los registros visuales corresponden a sus apariciones individuales en escenarios, entrevistas o tablados.
Roos tenía pensado llamar a Dino Ciarlo para que la cantara, pero cuando grabó una prueba, sus allegados lo convencieron para que él pusiera la voz principal. Roos escribió el arreglo de chelo de este tema basado en la improvisación de bandoneón de Alberto Magnone.
Tomado del sitio: Letras
La Hermana de La Coneja: Un Retrato de la Vida y el Destino.
La
canción 'La Hermana de La Coneja' de Jaime Roos es una narrativa cruda y
realista que nos transporta a la Ciudad Vieja de Montevideo, un lugar
cargado de historia y contrastes. La letra nos cuenta la historia de una
joven que pierde su virginidad en un depósito sucio, un evento que
marca el inicio de una serie de cambios en su vida. Este momento,
testificado por un colchón apolillado, se convierte en un símbolo de la
pérdida de la inocencia y el comienzo de una vida llena de desafíos y
decisiones difíciles.
La narrativa continúa describiendo cómo la
joven, junto a Tito, un chico del barrio, se enfrenta a las
consecuencias de sus actos. La letra refleja la realidad de muchas
jóvenes que, en su adolescencia, se ven obligadas a tomar decisiones
precipitadas y a enfrentar situaciones para las que no están preparadas.
La mención de la búsqueda de dinero y el adiós a Tito subraya la dureza
de la vida y las decisiones que deben tomarse en momentos de crisis. La
canción también toca temas como el aborto y la presión social, temas
que son relevantes y controversiales en cualquier sociedad.
Finalmente,
la canción nos muestra a la protagonista en su vida adulta, ahora
convertida en una señora que veranea en el Este y lleva una vida
aparentemente acomodada. Sin embargo, a pesar de su nueva apariencia y
estilo de vida, la sombra de su pasado sigue presente, una marca
indeleble que no puede esquivar. La letra de Jaime Roos es un reflejo de
la dualidad de la vida, donde el pasado y el presente se entrelazan, y
donde las decisiones del ayer siguen teniendo repercusiones en el hoy.
La canción es un testimonio de la resiliencia y la capacidad de
adaptación, pero también de las cicatrices que nunca desaparecen por
completo.
"En un depósito sucio, bastión de la Ciudad Vieja" comienza diciendo esta balada ciudadana. Los artistas cuentan que Roos leyó la letra por primera vez en un bar que quedaba debajo de una redacción donde escribía Castro, en la esquina de Sarandí y Alzaibar.
La hermana de la Coneja
En un depósito sucio, bastión de la Ciudad Vieja
La hermana de la Coneja, perdió la virginidad
Testigo en la oscuridad, un colchón apolillado
Que quedó como estampado, con indeleble memoria
Y es origen de esta historia, que no sé bien si es verdad
Fue como siempre sucede, se colaron con el Tito
Aquel morocho flaquito, que la conquistó con mimos
Y desafiando al destino, se dejó de franeleos
Se alborotó el avispero, dieciséis años es mucho
Cuando te da como un chucho, y la vida pide cuero
Después cuentos conocidos, que "que le vamos a hacer"
Que no lo podes tener, que ya conseguí la guita
Un llanto, cuatro caricias, que todo va a salir bien
El fondo de un almacén, el adiós al flaco Tito
Y el comienzo de un periplo, más hamacado que un tren
Hoy es señora de tal, y en el Este veranea
No imagina el que la vea, que era de playa Pascual
Su camelo viene mal, bate "chicos" y "colegio"
Te la trabaja de "regio", y anda en "checo bien debute"
Con "goma" en lugar de yute, y sin preguntar los precios
Ahora sí que se divierte, en pavada de colchón
Pelo corto "à la garçon", y lentes con cadenita
Recurre al psicoanalista, a la hermana ni la nombra
Pero la marca una sombra, que nunca pudo esquivar
¡Como la vino a quedar!, allá... Por la Ciudad Vieja
La hermana de la Coneja
Compositores: Raúl Castro / Jaime Roos
Tomado del sitio: Escaramuza
Faroles del deseo: «La hermana de la Coneja»
Por José Arenas / Lunes 23 de septiembre de 2024
Porque
alguien tenía que hacerlo, José se mete con un hit de los ochenta en el
que afloraban violencias de todo tipo: «Aquella, la de Tito, la del
depósito sucio, la de los mimos, ha muerto. Esta mujer que pareciera
gozar sin culpa no es la hermana de la Coneja, es otra, es ella. Y eso
pareciera imperdonable».
"En
1930 Carlos Gardel grabó una milonga con música de su compinche José
Razzano y letra de Enrique Maroni llamada «Tortazos». Si bien en aquel
tiempo la milonga tuvo la circulación de todo lo que pasara por la voz
de Gardel, la verdad es que se volvió realmente popular unas décadas más
tarde, cuando la volvió a grabar Edmundo Rivero.
La letra de la
milonga tiene intenciones entre morales y cómicas y la voz y la impronta
de «El Feo» —como llamaban a Rivero— cuadró perfecto para recrear el
enérgico reproche que le hace un varón a la china que, ya lejos del
conventillo, vuelta una mujer elegante, ha traspasado la barrera de «lo
que se debe» en lo heteropatriarcal. «¿Señora?, ¡pero hay que ver/ tu
berretín de matrona!», le dirá el asombrado cuando la vea lejana,
sexuada, altanera, libre de unos preceptos machos que llegan al
paroxismo de la piedad violenta. Y agrega: «no te rompo de un tortazo/
por no pegarte en la calle», todo al compás seductor de las guitarras
inigualables que acompañaban a Rivero.
El tiempo no tiene otra tarea
que pasar y en su decurso las canciones populares se contagian. Como el
arte en general, el inconsciente colectivo de lxs cantares pop forma
una nube cargada que cada tanto llovizna sobre la página de lxs poetas
para que retomen viejos tópicos con nuevos ritmos. Y «Tortazos» se ha
cruzado con una popularísima canción uruguaya. Al menos su espíritu
rezongón de moralina.
En 1986 sale a la calle el disco "7 y 3" de
Jaime Roos que, entre los temas, tiene una de las primeras coautorías
con Raúl Castro: una milonga rock influenciada en lo musical por la obra
de Dino —tal como nos cuenta Guilherme de Alencar Pinto—, «La hermana
de la Coneja». El tema se vuelve el hit del álbum.
La historia de
aquella canción traza una silueta femenina que deviene de la moral
burguesa machaza. Al igual que aquella Ñata Pancracia de la milonga
«Tortazos» que se vuelve la Señora Ramos Lavalle, la letra de Castro
propone un rebautismo, un dejar de ser, en el que la primera chica de
dieciséis años a la que la vida «le pide cuero» y pierde la virginidad
con el Flaco Tito, queda embarazada y comete el pecado de destruirse
como madre incurriendo en el aborto.
A la manera de Jacob y el Ángel
(Génesis: 32; 23-30), entregando parte del cuerpo en una marca de
pasado empañado, la protagonista ahora será «Señora de Tal», tomando ese
«Tal» de una forma despectiva por el descreimiento en un apellido
patricio y el «de» como perteneciente de forma arribada a la épica de un
mundo del que no forma parte. De todas maneras, la protagonista de la
canción siempre fue anónima o, mejor dicho, siempre estuvo despojada de
su identidad. Desde el inicio fue «hermana de», ahora es «señora de». La
mujer es un cuerpo adjunto de otros personajes, en especial si se lo
compara con la presencia masculina.
El Flaco Tito es quien
«conquista» a la protagonista «con mimos» hasta que llegan al acto
sexual en el tan mentado colchón estampado por el uso de los cuerpos.
Frente a la hermana de la Coneja, el Flaco Tito tiene una entidad
propia: un nombre, una referencia corporal, tiene una presencia
contante, en definitiva. Luego, su desaparición es la llave de ese
camino que se signa como «un periplo más hamacado que un tren» —teniendo
en cuenta las metáforas en las que periplo refiere a una vida
licenciosa y el simbolismo sexual que tiene el verbo «hamacar»—. El
hombre con su silueta definida parece ser la clave para el despertar del
deseo, habilita el uso del sexo al mismo tiempo que es quien lleva
adelante la iniciativa del aborto que, bajo el signo del cuerpo tocado
como en la Biblia, le permite continuar el camino pecaminoso en el que
le lloverán reproches. Se le cicatriza la identidad como castigo divino
por haberse despojado de los mandatos de la burguesía heteropatriarcal. A
la mujer, virginidad quebrada y aborto le quitan el derecho a un
nombre. Es una no/mujer o una mujer/fue.
La forma en que se reprocha
un presente cheto tiene una vara moral siempre. Esta no/mujer ha
ocultado su historia diciéndole adiós a la figura masculina y a su
destino de madre, haciendo uso «irresponsable» del cuerpo y olvidando
los colchones apolillados en los que se formó el deseo de niña. Se le
echa en cara el quiebre de un destino de maternidad adolescente, como si
eso hubiera sido trocado por un afán por los placeres materiales —«en
el Este veranea/ no imagina el que la vea/ que era de playa Pascual»—,
en principio como si eso constituyera una deshonra a la luz de las
madres que construye el cine rioplatense: Tita Merello siendo pobre,
negada por un hijo al que le dio todo desde su maternidad juvenil,
lavando la ropa para mantener un hogar miserable.
Para la
idiosincrasia de la canción, «La hermana de la Coneja» debió ser y morir
allí donde todo sucedió, si ha tenido hijos ahora que es «Señora de
Tal», no cuentan como legítimos una vez que se quebró su relación
primera con el destino. No hay reproches, claro, para el Flaco Tito. No
es el protagonista de la milonga, no es el foco de nuestra atención, no
es mujer. Su desaparecido destino luego de haber conseguido «la guita»
es parte del periplo natural del varón. A él no se le exige nada más que
«cuatro caricias».
En la creación de la etopeya de la protagonista
se propone una diferenciación lingüística en la que «chicos», «colegio»,
«regio» y «psicoanalista» son palabras de una clase tilinga en tanto
quien narra la historia se salva a sí mismo con el uso del lunfardo
(«anda en checo bien de bute»). Al parecer, la historia de la mujer que
hizo su destino es mancha venenosa, tanto que la voz cantora se pone en
un camino distinto de la lengua. El uso artificioso de las palabras
«aporteñadas» vuelve todo tilingo, no así el uso igual de artificioso de
palabras lunfardas o al vesre. Como diría Enrique Maroni, volviendo a
la milonga del inicio: «bajá el copete m'hijita/ con tu pinta
abacanada.../ ¡Pero si sos más manyada/ que el tango La Cumparsita!».
Y
siempre será la moral del macho burgués la que marque el terreno de lo
que debe o no debe hacerse, especialmente cuando aquel colchón
apolillado en el que una mujer sin nombre empezó es trocado por «pavada
de colchón», donde «ahora sí que se divierte», el cuerpo se explaya, el
sexo es practicado y se propone una forma de salvar aquel sexo primero:
en el inicio fue instinto, chucho, vida, ahora es diversión, banalidad o
promiscuidad plásticas. El fantasma grita «puta» con voz enfurecida.
La
«sombra» del inicio que marca a la hermana de la Coneja no la borrará
ni el psicoanalista ni un sueño cómodo en un colchón nuevo. La no/mujer
ha desaparecido, solo ha quedado el espectro de una frívola hetaira que
«a la hermana ni la nombra», es decir que ha perdido la poca identidad
que tenía, la ha cambiado por los lujos y el placer y eso, en la jaula
masculina que dibujan los barrotes de la norma/macho, es imperdonable.
Por eso estará condenada para siempre: «pero la marca una sombra/ que
nunca pudo esquivar// cómo la vino a quedar// allá…// por la Ciudad
Vieja// la hermana de la Coneja». A la fuerza se la trae hacia su
«nombre» inicial. A golpes de espectro alguien recuerda la escena
primera del sexo, se hace becerro en leyenda de su embarazo interrumpido
y de la virginidad rota usando la misma expresión que se utiliza para
nombrar a la muerte: «la vino a quedar».
Aquella, la de Tito, la del
depósito sucio, la de los mimos, ha muerto. Esta mujer que pareciera
gozar sin culpa no es la hermana de la Coneja, es otra, es ella. Y eso
pareciera imperdonable."
Por José Arenas / Lunes 23 de septiembre de 2024
VIDEOS
"La Hermana de la Coneja" - Jaime Roos / Raúl Castro
Álbum: "7 y 3" - 1986
Videoclip (VHS HQ)
Fuentes:
Wikipedia / Discogs / Letras
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